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¡Cómo hemos cambiado!

Estos días estamos celebrando los 40 años de la Constitución y viendo las fotos y los reportajes de la TV, me divierte pensar cómo nos comunicábamos y accedíamos a la información cuando yo tenía 9 años, y cómo hemos cambiado hasta llegar a 2018.

telecomunicaciones

En ese momento, o escuchabas la radio (era el dispositivo más personal del momento, en mi casa cada uno teníamos una, y en muchos casos te la llevabas de viaje o a dar un paseo),  o veías la TV española (la primera y la segunda), o leías alguna publicación escrita, o te ibas a una biblioteca. 

Y fuera de la comunicación cara a cara (que practicábamos más que mis hijos ahora) teníamos el teléfono en casa, que según de numerosas fueran las familias, podía ser un reto que te tocara usarlo. Y en la calle las cabinas, ahora ya en proceso de extinción.

Muchas veces me han preguntado mis hijos, ¿y cómo quedabais? ¿Y sino encontrabas a tus amigos qué hacías? ¿Y si te retrasabas, cómo avisabas? Y siempre respondo que sin problemas, porque no conocíamos otra cosa y nos las apañábamos estupendamente. Siempre he pensado que comparar hacia atrás es un error porque una vez creada la necesidad, nos genera ansiedad pensar en no tenerla, en especial temas como el móvil y el wifi que se han convertido en necesidades básicas para muchas personas del mundo desarrollado, como lo es la luz o el agua.

Sería imposible en un post hacer un repaso de cómo hemos cambiado, pero estaréis de acuerdo que lo que si compartiríamos es que cada vez vamos más rápido.

He tenido la suerte de empezar a estudiar teleco en el año 1987, cuando ahora tanto se habla de que las profesiones del futuro no existen, os aseguro que yo no estudié ni telefonía móvil (ni GSM, ni 3G, ni 4G…), ni ADSL, ni FTTH, ni IPTV, ni Bases de Datos en memoria…. Es decir, la mayoría de las tecnologías con las que he ido trabajando no se estudiaban en aquel momento, pero eso no nos ha impedido trabajar en temas que hemos ido aprendiendo sobre la marcha: “on job training” que dirían los ingleses. Por eso cuando me preguntan amigos que recomiendo que estudien sus hijos siempre les contesto: “algo que les entrene la mente a pensar cómo resolver problemas, capacidad continua de aprender, y habilidades software de trabajo colaborativo”.

Lo que más me ha gustado siempre de trabajar en las telecomunicaciones es “acercar las personas gracias a la tecnología”.

Y tuve la gran suerte de vivir toda la explosión del sector que empezó en el año 1995. Recuerdo cuando les explicaba a mis padres que iba a trabajar en una empresa de 100 personas llena de americanos de 70 años, y que nuestro objetivo es que la gente hablara por el móvil (Esa empresa era Airtel).  Lo que sí os aseguro es que fallamos en todas las previsiones que preparamos, y que el uso de las nuevas tecnologías siempre nos ha superado y lo sigue haciendo, porque cuando algo consigue que la gente se sienta más cerca y le aporta algo emocional, acaba sobrepasando todas las expectativas.

Voy a compartir varios ejemplos que yo viví en primera persona: plan estratégico de Airtel en 1997: “España en el mejor escenario tendría 1 Millón de móviles en total en el año 2000, porque era algo snob y además la gente no iba a hablar por la calle”. ¡Vaya ojo tuvimos todos!, porque entre Airtel, Movistar y Amena conseguimos varios millones en menos de 12 meses.

“Los SMS son una frikada de los ingenieros y como no los va a usar nadie, no los vamos a cobrar”: hasta que empezó Operación Triunfo y de nuevo se cumplió que la gente quería poder opinar y comunicarse con los programas de TV.

¿Quién va a querer navegar por internet en el móvil? Desde mi punto de vista aquí pinchamos todos: fabricantes de móviles y operadores, hasta que llegó Apple con el iphone, y de nuevo demostró como tecnología que ya existía se puede hacer “convenience” (perdón por el término inglés pero creo que refleja muy bien lo que os quiero transmitir) para situaciones antes impensables: música, libros y muchas más cosas. Todavía recuerdo un ingeniero de mi equipo, diciéndome que el iphone no iba a triunfar porque los protocolos de radio eran malos y se caían más las llamadas… Esto era pensar a espaldas de los clientes y lo que de verdad querían.

Para mí la mezcla smartphone y conectividad abrió el camino a las redes sociales, que de nuevo no deja de ser otra forma de poner en contacto a personas, y pesar de la distancia sentir que están cerca. Somos seres sociales y por mucha tecnología que se desarrolle siempre querremos estar conectados y sentir emociones. 

El video ha sido de lo último que se está rediseñando: ya no hace falta ver lo que están dando en ese momento, y además no en el salón de tu casa (en eso hemos perdido las familias), y a ese respecto en sólo un año la red de Telefónica tuvo que prepararse para cursar el mismo tráfico de video que los datos de toda la historia del ADSL (cobre) y el FTTH (fibra).

Y ahora hemos vuelto a los orígenes, porque el interfaz natural del ser humano es la voz: empezamos llevando la voz, luego los datos, luego el video, y ahora todas las compañías quieren que usemos nuestra voz para acceder a sus servicios: pensar en Siri, Alexa, Cortana… ¿Y por qué ahora cuando llevamos muchos años intentando reconocer la voz de nuestros clientes o hay investigadores trabajando en inteligencia artificial desde los años 60? Porque como en todas las grandes transformaciones se tienen que producir varios elementos a la vez:

La tecnología de almacenamiento y procesamiento tiene coste marginal y ya no se necesitan grandes inversiones para gestionar los datos que este tipo de servicios requieren. Esto habilita que podamos tener tecnología no sólo para reconocer tu voz y tu idioma, sino el contexto de tu conversación. Y todo esto se puede hacer desde dispositivos como móviles, altavoces, coches… y universaliza el acceso de todas las generaciones. Ese es el gran reto de las telecomunicaciones: comunicar de forma sencilla y “convenience” al mayor número de personas posibles, mejorando la vida de todas ellas.

Soy una afortunada al haber trabajado en un sector que sí algo lo distingue es “la velocidad y la capacidad de adaptarse” a lo que las personas han ido demandando, y que ahora es el elemento integral  de la transformación digital. Sin telecomunicaciones no podríamos pensar en Cloud, ni en Big Data, ni en IoT o  industria 4.0, ni en emprendimiento en economías en desarrollo, ni en formación en lugares remotos…

Y aunque ahora todas las telecos tienen unos retos enormes de transformación (a todo el mundo le llega el momento de repensar que va a ser de mayor, y en los próximos años también les llegará a Apple, Google, Amazon…), estoy segura de que si su foco está en seguir habilitando que la gente esté conectada y pueda vivir mejor, seguirán siendo pieza clave de los próximos 40 años. 

También tengo claro que vamos a seguir acelerando, por lo que abrochémonos los cinturones para disfrutar. Y por favor, asegúrate que lo único que nunca puedes perder es la curiosidad. 

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