¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste?

Esa es la pregunta que en muchas reuniones y en muchos foros profesionales, más de uno ha querido hacerme. Y muchas veces me han dicho que no doy el perfil de ingeniera… y pienso: “Cuánto daño ha hecho los estereotipos a la sociedad y las empresas”

Chica señalada

A lo largo de mi vida personal y profesional he intentado, desde el respeto, cuestionarme los estereotipos, porque creo que son la causa de muchas de las discusiones y debates actuales en las empresas y en la sociedad, en relación con la cuestión de la diversidad en todas sus formas (edad, género, liderazgo…).

Para mí, la gestión de la diversidad no va de forzar situaciones, sino de crear las condiciones en la sociedad, y en las empresas para que la personas que quieran puedan. Además, estoy convencida de que hasta que no sea un objetivo de negocio en las compañías, seguirá siendo un tema marginal que no se ejecutará con el convencimiento que requiere.

Yo me considero muy afortunada en mi vida, porque he conseguido lo que me he ido proponiendo, a pesar de estereotipos y cuestionamientos ridículos, que si cabe me animaban todavía más a intentarlo. Mi reflexión siempre ha sido, y ¿por qué no?

A la pregunta de ¿Por qué hoy las mujeres sólo representan el 18% de los profesionales de la tecnología en España? no tengo una respuesta que me convenza, pero sí creo que es importante ambicionar a volver al menos al 30% que había en el año 87 cuando yo empecé la carrera. Para que en un colectivo otras formas de hacer y pensar tengan impacto, el grupo dominante no puede ser superior al 70%, según dicen los expertos en liderazgo inclusivo.

Y sigo sin encontrar una explicación a este gráfico del mercado americano y la caída del % de mujeres en “Computer Science”. Os animo a qué compartáis vuestras reflexiones.

¿Qué pasó con las mujeres en informática?

Además, faltan profesionales TIC en España, hombres y mujeres, y si las profesiones STEM tienen un futuro profesional claro, me da rabia que los jóvenes se sigan matriculando masivamente en carreras con doble dígito de paro.

Mi reflexión me lleva a que, como sector y profesión, no estamos siendo capaces de trasladar a la sociedad en qué consiste nuestro trabajo, y cómo podemos contribuir a mejorar todos los ámbitos de la economía, porque si algo tiene la tecnología hoy es la capacidad de crear nuevas oportunidades en todos los ámbitos del a economía. Por eso creo que tenemos que hablar de nuestra actividad con más normalidad y cercanía a la sociedad. Hay que conseguir que las carreras STEM no sean vistas por la mayoría como algo friki y lejano a la sociedad.

He tenido una carrera profesional estupenda y siempre pienso que ha sido por tres razones: mi marido, mis jefes y mi actitud (lo de trabajar mucho se da por descontado). He tenido la suerte de encontrarme con jefes que siendo muy joven me tiraron a la piscina y confiaron en mí, y creo que eso te hace crecer mucho más que un paternalismo mal entendido al estilo:” eres muy joven y no tienes experiencia”. Siempre he aprendido mucho más de mis errores que de mis éxitos.

Los que habéis trabajado conmigo sabéis que soy una convencida de la diversidad en todas sus formas (género, edad, estilos de gestión) para crear equipos que consiguen mejores resultados que los hechos a imagen y semejanza de sus jefes. Cuesta más su gestión, pero sin duda los resultados son superiores.

Nunca he sentido que no me hayan ofrecido oportunidades profesionales por mi edad o mi género, pero sí creo que en general las mujeres tenemos que estar continuamente demostrando que somos capaces de hacerlo bien. También he sentido que en determinadas conversaciones y decisiones no me entendían. Y la razón es simple: tenemos una serie de sesgos en nuestro cerebro que nos llevan a inferir conclusiones en base a patrones que hay que reeducar. Los ingleses lo laman “sesgos inconscientes” y si no se conocen y gestionan, es imposible crear una cultura inclusiva.

Estos sesgos te llevan a no considerar otros puntos de vista en las decisiones y reuniones, a decidir promociones y gestionar tu talento perdiéndote una parte de la realidad, a no tener a la diversidad de tu base de clientes bien representada en tu estructura de gestión, y por todo ello, a conseguir unos resultados de negocio menores del potencial que tienes si gestionaras la diversidad.

La barrera fundamental es de nuevo ¿Qué gana cada uno de nosotros, incorporando un liderazgo inclusivo? Porque en mi experiencia tienen que ser cambios que deben suceder top-down, con objetivos, transparencia y coherencia en la ejecución, o si no es mejor no hacer nada.

Sé que os puede sonar algo naif o soft, pero os aseguro que en mi experiencia profesional cuando consigues darle a cada persona espacio para que crezca, en la mayoría de los casos los resultados son excepcionales. Requiere esfuerzo por ambas partes, pero merece la pena, y creo que es la obligación fundamental de un líder.

Y ahora que nos vamos convenciendo de la importancia del liderazgo en la transformación digital, tengo claro que aquellas compañías que desarrollen estas capacidades de liderazgo inclusivo estarán mucho mejor preparadas a la hora de ejecutar el cambio, porque esto es la guerra del talento, y éste no debería entender de género u edad.

Y sabéis la respuesta a la pregunta inicial: ¿qué hace una chica como tú en un sitio como éste?: “Disfrutar con normalidad de la responsabilidad de mis propias decisiones, nunca ser víctima y sobre todo preguntarme siempre: ¿por qué no?”.

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